una forma de burlarla

Dicen que hay un momento en la vida de mirar atrás,
 y ver a la muerte sonriendo por el retrovisor.
Un momento en que comprendes asustado, lo poca cosa que eres,
 y lo cerca que estamos de lo absurdo. Algún día desapareceré,
piensas, y todo lo que llevo dentro morirá conmigo.
También dicen que sólo hay una forma de burlar, aunque minimamente,
a la muerte, y es traer descendencia a este mundo. Es lógico,
 si no has escrito nada que merezca la pena, ni nadie ha vibrado con tu música,
 o no has sido un perfecto hijo de puta, quizás esa sea la única forma de sentirte continuado.
 Los cementerios están llenos de tumbas anónimas que nadie visita ya. Algunas son más grandes
que otras, si, pero eso sólo nos dice la prepotencia de sus inquilinos,
 no la importancia que tuvieron en vida.
Algún día llamarán a tu puerta,
y veras a la muerte con su perfecta sonrisa de vendedor de seguros.
 Te dirá, mostrándote un reloj de arena vencido, que tu tiempo se ha acabado,
 y que ha venido a buscarte. Entonces llorarás, todo lo hacemos,
 y dirás que no puede ser, tiene que haber un error.
 Le hablaremos de nuestros hijos y nuestras esposas,
 y de lo mucho, aunque sea una mentira, que les queremos.
Ella te preguntará sorprendida si de verdad has hecho algo que merezca
la pena para aumentar ese tiempo que te han dado. Le mostraremos entonces
un puñado de letras inacabadas, los proyectos imposibles que sólo duraron
Unas horas en nuestra cabeza, las mentiras pequeñas y grandes a las que nos
 agarramos a diario para poder seguir. Pero todo eso sólo servirá para borrar
la sonrisa de sus labios. Acaso, nos dirá, eso es todo lo que has hecho con tu tiempo,
 en eso lo has malgastado, algo tan único y precioso como la vida lo has reducido a esto.
Todos pensamos que pudimos ser mejores,
 pero nos engañamos al pensar que fue la vida quien nos lo impidió,
 cuando en realidad fuimos nosotros mismos los que no nos dejamos.
Las dulces religiones de la ensoñación os dirán que estéis tranquilos,
 que la vida sólo es sueño, y es la muerte el despertar a una vida plena y feliz.
 Pero eso no es más que el más viejo truco de marketing del mundo.
 Venderte un producto intangible, que sólo podrás tener cuando ya no
quede nadie a quien reclamar.
Olvidad sus pócimas, sus rezos, sus mentiras y su mal olor.
Si tenéis que hacer algo, hacedlo ahora.
 
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