DIAS DE CARNAVAL

La inevitable tensión que se desencadena
Tiene algo de inaccesible la belleza de esta ciudad.
Las luces, la noche, el olor a mar, su paisaje, todo en ella invita a contener,
a demorar los encuentros, a tranquilizar el paso para no romper el hechizo y la imagen.
Pero alardea de no ser una ciudad literata, de que en ella los personajes y el escenario sufren
de cierta imposición mal avenida, como si fuese un matrimonio de conveniencia, como si al cabo
del tiempo alguno de los dos hubiese tenido que rendirse y claudicar, conformarse, sabedor de que
el objeto de deseo se resuelve inalcanzable, que el destino sólo le ofrece un sucedáneo consolador.
Y es que hoy en la ciudad todo era follón y multitudes, trajín artificial de disfraces y confetis,
clonación de tradiciones para una humanidad mortalmente aburrida. Mientras, la metrópoli aprovechaba
la primera noche con aires de primavera para compensar por sus habitantes a los que, extraviados,
juegan a quitarse y ponerse la careta, extraño teatro de cicatrices y alegrías…
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